LA TEBALDI Y FLORENCIA: MEMORIA, CULTURA, EJEMPLO

Escribe Jorge Binaghi


Renata Tebaldi(a quien muchos siguen llamando simplemente la Tebaldi y varios otros "la signorina", otros "la Renata", otros aún "la Voce d'Angelo") ha hecho una donación importante a la ciudad de Florencia: a su Teatro (el Comunale, también llamado del Maggio Musicale Fiorentino) y al Museo del Vestido que tiene su sede en el Palazzo Pitti junto con otras grandes colecciones. Estaba prevista su presencia en la inauguración de la muestra (el 21 de septiembre, duración un mes) y a la velada inaugural de la nueva temporada (el día siguiente) que se hacía en su honor con una de sus óperas predilectas("a Renata Tebaldi, espléndida y resplandeciente Manón" reza la dedicatoria del artículo de Giovanni Vitali en el programa de mano: amén vienen ganas de decir). La "signorina" se había hecho al parecer dos vestidos nuevos para la ocasión, pero la salud le ganó la partida y no pudo ni ir a Bergamo, tan cerca de Milán, a recoger otro premio, fruto legítimo de su magisterio artístico.
La muestra está repartida entre teatro y museo, y los trajes -la mayoría de escena (Manón, Desdémona en la histórica versión de Viena 1957-1958, Adriana Lecouvreur -incluso el que nunca utilizó para las funciones de 1959 en Nápoles, que tuvo que suspender por motivos de salud-, Fedora, Violetta Valery, Leonora de la mítica Forza de 1953), aunque también de noche y de concierto- son, aparte de una belleza y de una documentación del gusto de las épocas (finales de 1940 a inicios de 1970), un modelo del trabajo de restauración realizado por un equipo de estudiantes universitarios durante varios meses. El catálogo -un CD que recoge las primeras grabaciones oficiales de la soprano- es exhaustivo, bellísimo y exhibe lujo de detalles y fotos (se puede conseguir escribiendo a Maria Cristina Nava: mariacna(a)tin.it)y, más importante, tiene en la portada la leyenda "Università degli Studi di Firenze". Pero lo que me dio que pensar fue la presencia no sólo del director del museo, de las autoridades del teatro, de los preparadores y curadores de la muestra, de los que intervinieron en la restauración, y por supuesto del público (con la gente que había y el mal tiempo, caluroso y lluvioso, tal vez fue una "suerte" para la Tebaldi no asistir), sino la de un diputado, Valdo Spini, que consiguió, junto con las otras fuerzas vivas, evitar la clausura del museo y su inclusión en una de las leyes o decretos culturales que protege el patrimonio cultural del Estado. En las presentaciones, cortas pero medulosas, se habló de lo que significa el arte lírico y el arte del vestido como ejemplo de altísima importancia de una época y un país, la importancia de la memoria en la transmisión de la cultura, el hecho de que la donación se haga en vida del donante como muestra de afecto y reconocimiento mutuo. Da que pensar de veras: artista, universidad, museo, teatro de ópera, político, todos haciendo no politiquerías ni intrigas de bambalinas, ni rivalizando entre sí, sino colaborando en beneficio de la historia y la cultura del país y de la gente. Tal vez Florencia (ya que lamentablemente no Italia) pueda servir de ejemplo de cómo hay que hacer política (recordando precisamente a la polis griega), de que cultura "es" también y fundamentalmente un acto de memoria y de amor. Y para redondear, no habrá nada mejor que traducir la carta firmada que la gran ausente envió a los actos, porque no sólo la define como artista:
"Queridos amigos:
es de veras difícil hallar las palabras para expresar mi disgusto por no poder estar con ustedes en estos días.
Lamentablemente, los años pasan y a veces el entusiasmo solo no basta.
No obstante, deseo agradecer, desde lo más profundo de mi corazón, a todos los que se han prodigado para que mis vestidos, mis trajes -compañeros de tantas representaciones y veladas que conservo celosamente en mi memoria- puedan de nuevo ser admirados por el público: la Galleria del Costume de Palazzo Pitti, la Universidad de Florencia y el Teatro del Maggio Musicale Fiorentino, que ha querido también dedicarme la velada inaugural de la temporada con una ópera que amo tanto, Manon Lescaut.
En particular, un afectuoso saludo a los jóvenes alumnos de la Universidad que, en estos meses, han trabajado con pasión y competencia para restaurar todo lo que se verá en la exposición que imagino será bellísima.
Gracias a todos ustedes que siguen manifestándome de esta forma tanto afecto. Los abrazo con mi espíritu. Hasta pronto, vuestra Renata Tebaldi"
Hay veces, con todo, inolvidable Renata, en que un entusiasmo como el suyo basta para compensar su ausencia y para aquilatar mejor su contribución a la lírica, precisamente cuando cada uno de esos trajes, "in quelle trine morbide", traen una vez más y para siempre a nuestro alcance, en todo su esplendor, a "l'umile ancella del genio creator" con sus "grand'occhi lucenti di fede". Mucho más que una muestra o una clase magistral: una lección que debería llegar a la lejana Argentina que tanto la amó, pese a su inexplicable breve paso por el Colón.