UND SINGEN, SINGEN una charla con Simon Keenlyside y Jorge Binaghi
"Cantar
cantar", como en "El pastor en la roca" de
Schubert. Se le vienen a uno la música y las palabras a la cabeza cuando
escucha hablar a Simon Keenlyside. Un hombre aún joven (44 años),
que lo parece más por su vitalidad, por sus "ganas" de hacer
lo que le gusta, hacerlo bien y seguir haciéndolo. Si uno lo ha visto
en un presumido Belcore en el Met, en un introvertido y explosivo Hamlet en
Covent Garden, en un ágil Mercurio en "La Callisto" de Cavalli,
en ese poético paradigma de cantante que es el Orfeo de Monteverdi
o ahora en su avasallador Don Juan en Bruselas, se le contagian a uno las
ganas de comprobar cómo es de cerca el artista. Que no concede muchas
entrevistas y no tiene fama de "fácil". Pero el caso es que
Keenlyside vive de tal modo en el canto que más que una entrevista
esto que van a leer ustedes -vale la pena, créanme, por lo menos lean
el momento en que habla del Colón- es casi una especie de explicación
profunda del por qué y del cómo alguien TIENE QUE cantar. En
setenta y cinco minutos no ha dejado de moverse, de expresarse con movimientos
rápidos (tiene una forma física envidiable), con el tono de
la voz -se expresa bien, claro y no se pierde en nimiedades- y con esos ojos
vivaces y alertas que delatan de inmediato a una persona tan sensible como
inteligente (pueden ustedes invertir los términos; no sé cuál
poner primero).
Vive, pues, cantando, y vive más para cantar que lo contrario. Pero
además "vive" porque no deja nunca de lado su otra pasión:
la naturaleza, y en particular la zoología, a la que se dedicó
antes de hacerlo al canto
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"Y no los voy a dejar nunca, a ninguno de los dos: son para toda la vida"
n ¿Pero Ud. no empezó algo tarde el canto?
n Para nada. He estudiado en firme a partir de los 23, pero lo había
hecho también antes. Y no había perdido el tiempo; había
estado estudiando otras cosas. Lo peor que le puede pasar a un cantante joven
lo evité: hacer demasiado pronto roles pesados que te pueden estropear
irremediablemente.
n Ud. canta roles muy diversos (Papageno, Hamlet, Orfeo, Pelléas, Wolfram,
el Conde, don Juan y Guglielmo), sin hablar de su actividad como liederista.
En estas épocas de especialización, ¿no desea concentrarse
en un solo aspecto o dos del repertorio?
n A mí me gusta todo el repertorio. Me considero un cantante lírico
de viejo cuño
n ¿Es decir
?
n Deseo expresarme a través del canto. Claro que se debe actuar también
n Y lo hace Ud. muy bien
n Tal vez, pero fíjese que el problema de las puestas -las que son
de veras inteligentes- es que uno se siente comprensiblemente tentado de actuar,
pero no con la voz; y un cantante lírico, en lo que a mí respecta,
debe expresarse fundamentalmente por medio de su voz.
n Pero fíjese en su don Giovanni, precisamente: lo canta con la voz
pero lo interpreta en una forma tan
extrema, vital pero casi desesperada,
con pasos de un felino siempre al acecho de una presa
n He trabajado antes con McVicar y también la misma ópera; la
de ahora es para mí una buena puesta (y le digo de inmediato que no
me gusta hablar de las puestas antes de que se levante el telón porque
pueden resultar equivocadas aún habiendo todos puesto el máximo
empeño):¿Sabe por qué? Porque el régisseur conoce
todo el texto de memoria. Todos los artistas, también el regisseur,
debemos tratar de ser o volvernos mejores, absolutamente todos. Y eso parte
del texto. Mi papel se encuentra todo en la s palabras de Da Ponte y en la
música de Mozart: no es alguien exitoso, un seductor apuesto; puede
ser también cruel. Aquí se toca algo profundo de la condición
humana, que es mucho más importante que cualquier tipo de éxito.
Mozart escribía en una época de cambios sociales tremendos,
era contemporáneo de Goethe
n ¿"Viva la libertà"?
n Justamente. Pero entiéndame, toda, todas las libertades. Y cuando
tengo que cantar estas palabras me es imposible no imaginar cómo podían
sonar en los oídos de la nobleza de aquel momento, dichas así
tranquilamente a todos, incluso a los campesinos que asisten a la fiesta.
El otro día cuando vino el príncipe de los belgas experimenté
algo extraño al cantar estas palabras, igual que cuando canté
el Sueño de una noche de verano en Manchester ante la familia real.
Y esto hay que transmitirlo con el modo de decir o cantar la frase. Mi Giovanni
es un provocador: la "libertà" quiere decir que los privilegios
de antaño se han acabado, que la clase a la que uno pertenece se va
a extinguir. Y esto tiene uno que cantarlo a veces ante testas coronadas
n ¿Es este tipo de sensación, quizás, lo que hace que
su forma de decir los recitativos parezca tan natural, casi hablado, incluso
cuando alguna vez agrega alguna palabras que no está en el texto?
n ¿Se dio cuenta?(Los ojos centellean y se entrecierran un segundo,
en una mezcla de sorpresa, ligera irritación, diversión e ironía.
Termina predominando el humor y me dice en francés: Moi?). A veces
me pasa y se trata de un error que trato de controlar; no me sucede a menudo,
pero a veces me arrastra la situación. Si es correcto agregar algún
tipo de ruidos, un murmullo por ejemplo, no lo es agregar palabras (como lo
hacían ya el día del estreno de la ópera). Esto creo
haberlo aprendido muy bien con Charles Mackerras que llegaba a los ensayos
con las cartas de Mozart en la mano para no perder tiempo en discusione. Todvía
me río cuando pienso en la vez que le tocó una puesta de Così
donde habían decidido suprimir los recitativos. Naturalmente terminamos
haciéndolos. Un recitativo es casi más importante que un aria
-aunque un aria de Mozart tiene casi la misma duración que en tiempo
"real". Pero no pasa sólo con Mozart: fíjese, he aprendido
mucho de observar la interpretación de Hamlet de Simon Russell Beale,el
nuevo gran intérprete de Shakespeare, de su capacidad de expresar con
la voz lo contrario de lo que se dice con el gesto.
n ¿Por qué no me habla de su Hamlet y de otros roles que quiera
hacer?
n ¿Ud. ha podido hacer siempre en su vida lo que quería, cuando
le parecía y como quería? Nadie puede. Hay que elegir todo el
tiempo. Trato de interpretar papeles que, dentro de las posibilidades de mi
voz, me "dicen" algo. Ahora, por ejemplo, quisiera hacer también
algo del "gran" repertorio y dejar de lado personajes que ya no
me están tan próximos. No creo que vaya a volver a Belcore,
Dandini (este, la última vez, me encontraba enfermo y no me salió
bien), y en el caso del Figaro rossiniano, sólo lo haría en
una producción muy especial. Pero está Verdi en cambio
Piense
en un papel como Rodrigo, una parte mucho más breve que la de Hamlet
(45 minutos de música contra 90, que son tantos) y escrita tan bien
para la voz que cuando la canté por primera vez en Detroit no experimenté
ningún cansancio
n ¿Se cansó en cambio en el Hamlet de Barcelona, donde cantó
pocas funciones?
n Un teatro, un público y un director formidabiles los del Liceu. No,
no estaba cansado; sólo tenía necesidad de un momento de calmapor
motivos personales y estuve -en contra de mi costumbre- por cancelar todo,
pero me ayudaron de varias maneras, me sentí comprendido como ser humano
y así terminé por cantar algunas funciones (para quien no lo
sepa, el debut de Keenlyside y Dessay provocó el delirio en la capital
catalana). Y además es un título que no se hace a menudo y que
quería hacer.
n Que había hecho en Londres con la misma compañera
n Fantástica
n Pero nos quedamos sin su Onegin en París
n No sabe el disgusto que me llevé; allí sí estaba enfermo.
He cantado alguna vez hasta enyesado porque no me gusta anular. Y ese papel
era para mí una meta importante: precisamente el tipo de papeles que
deseo hacer; era un sueño que espero poder aún realizar. Esperemos
porque, como ve, la vida dispone las cosas a su modo
Algulos papeles
sólo se pueden hacer hasta una determinada edad y luego, aunque se
los pueda seguir cantando, hay que dejarlos
n Por ejemplo
n Billy Budd, una obra que adoro y que todavía cantaré en Viena;
casi seguramente el Guglielmo de Così (pero Mozart, incluso Papageno,
trataré de no dejarlo nunca: por suerte sus barítonos no tienen
una edad muy definida); Pélleas
n Uno de "sus" personajes
n Sin embargo, no sé cuántas veces más lo voy a cantar:
tengo contratos para Salzburgo, París y Londres
Claro que después
cantaré Golaud
n Ud. habla de Verdi con entusiasmo, pero también es un ardiente patidario
de Pélleas
n ¿Cómo no va a amar a Verdi un barítono?¿Cómo
no va a querer cantar "en italiano"? Tengo que dar gracias a Cappuccilli,
el Tonio de mi primer Silvio en I Pagliacci, que me insistió entonces
mucho sobre la expresión con la propia voz y me aconsejó que
no esperara para cantar el repertorio italiano porque cuando nos habituamos
a otras técnicas de canto después es tarde para lograr un sonido
pleno, los colores oscuros, los arcos sonoros en el "passaggio",
inadecuados en otras partesi
. El problema reside en que los directores
de los teatros (y no sólo ellos) juzgan sobre la base de lo último
que le han oído a uno. Y así te convierten en un baritono "liederista"
(y especialista en Schubert ademá; no importa si te interesan también
Wolff o Schumann), o un barítono "martin" de escuela francesa,
y eso si se tiene suerte
y no hay nadie que te ofrezca un contrato para
Don Carlos
n Me ha parecido ahora, aquí en Bruselas, que tiene Ud. la posibilidad
de "controlar" el volumen de su voz de acuerdo a las necesidades
del momento o del papel
n Los barítonos debemos tener siempre mucho cuidado con Mozart. Es
una dicha infinita cantarlo, pero la tesitura nos deja demasiado expuestos.
El canto de Verdi te lleva solo, en particular en el registro central: diría
incluso que hace bien a la voz
n ¿Más Verdi entonces?
n Poco a poco. Hay otro título por allí, pero me lo callo por
el momento. Canto también Ford, pero en esta ópera hace falta
un maestro genial. En un punto tengo siete notas marcadas "p.";
como Ford es el personaje que encarna la rabia y los celos, digamos que algo
monótono, muchos directores tienden a cargar la mano en la orquesta
y entonces no se te oye o hay que forzar
n ¿Y el repertorio francés?
n Canto Valentin en Faust. Pero no veo más francamente (no parece interesado
en "Thais" o "Hérodiade", aunque se incorpora con
atención cuando le menciono "Les nuits d'été"
). Por ejemplo, no me siento con ganas de cantar la versión de Werther
escrita para Battistini: yo mismo me descubro esperando los agudos del tenor
en el canto de Ossian. Es evidente que en muchos momentos la voz debe subir
y no bajar. Sería como, en sentido contrario, escoger el aria alternativa
de Guglielmo después de "Come scoglio" en Così
En
cambio, "Non siate ritrosi" resulta perfecta como equilibrio musical
y dramático, aunque el barítono no pueda lucirse y rivalizar
con la soprano
Estarían, claro, los cuatro "diablosi"
de Hoffmann. ¿Quién no quiere cantar "Scintille diamant"?
Le aseguro (la voz es seria pero la mirada es maliciosa y absolutamente seductora)
que en ese caso elegiría la versión más aguda. Pero tiene
momentos demasiado graves
n He visto que tiene preparado el Sigmundo de La Valquiria, en concierto
n Sí señor (ligeramente desafiante): para divertirme un poco.
No seré en todo caso el primer barítono que canta este papel.
Me lo he mirado muy bien y, si no lo canto sistemáticamente (y no pienso),
es perfectamente factible. Por supuesto, Wolfram es un papel que me gusta
mucho y que me va muy cómodo, pero un poco de diversión (incluido
también algún riesgo) no hace mal a nadie
n Los riesgos y los desafíos no se puede decir que no le gusten; muy
pronto va a protagonizar en Londres la nueva opera de Adès basada en
La tempestad de Shakespeare
n Sir Simon Rattle dice que se trata de un gran título o algo por el
estilo. Mi papel es muy lírico, pero difícil: tengo que tener
muchísimo cuidado para "guiar" mi voz. Es sin duda un privilegio,
y un placer cantar en la lengua materna: para los ingleses no es algo tan
frecuente. El problema son aquí los ensayos. Es muy interesante como
experiencia, pero no quiero ser el primero que "descubre" un rol.
No me gusta no haber visto primero la obra y no conocer la "tradición"
de la interpretación, simplemente porque no la hay. Hay tantas cosas
aún en el " gran" repertorio
Piense que el canto es
como un par de zapatos: al principio brillan pero son algo incómodos;
después han perdido algo de brillo, pero te calzan muy bien
n Tradición de la interpretación, ha dicho
n Ya le he dicho que soy un cantante algo anticuado. Aprendo mucho y venero
las grabaciones de los años 20-30-40: De Luca, Stracciari, Amato, pero
también los alemanes: Hüsch, Schlusnus
n Hace pocos días falleció Hotter
n Il modelo clásico para el Viaje de invierno di Schubert
n Hábleme de su Schubert
n No es el de Fischer-Dieskau, maravilloso. Siento un profundo respeto y admiración
por él, pero hay otros (los acabamos de nombrar) con otras ideas, colores
distintos
Yo busco modestamente el mío, pero le digo con seguridad
que si un papel -incluso de Verdi- se demostrara peligroso para poder seguir
cantando mis Schubert, no vacilaría en dejarlo
Mire, soy eil primer
cantante en una familia acostumbrada a hacer música de cámara
(mi abuelo y mi padre): deseo continuar la tradición, con la voz. Además,
un lied te permite ver mejor que una ópera los problemas vocales que
pueden presentarse. Para cantarlos ambos, basta simplemente con no cansarse
y no cantar enseguida cámara después de una serie de funciones
operísticas, porque eso puede resultar frustrante. Ya sé que
algunos dicen que se trata "sólo" de canciones. Pero ocurre
que en estas "canciones" se encuentra todo el mundo, toda la vida.
Y las "canciones", incluso las más simples, constituyen la
mitad de mi vida. La música, el canto, son un espejo completo de la
vida: las cosas grandes sono hermosísimas, pero en las pequeñas
se encuentra la profundidad. Pasa justamente como con Pélleas. Antes
me daba rabia cuando alguien me decía que se aburría o que no
le causaba ninguna impresión la música de Debussy; intentaba
que cambiara de idea. Más tarde he aprendido a decir "muy bien,
como le parezca; para mí, se trata de un título fundamental".
Tal vez se trate de comprender el francés; si se lo comprende, no puede
no comprenderse Pélleas. Comprenderlo significa amarlo Hay gente que
en un concierto no sigue el texto y te mira cantar. Bueno (mi hermano es uno
de ellos), pero así se pierde lo más importante. Y por eso los
cantantes debemos aprender las lenguas (y no se requiere tanto; te das cuenta
después de un tiempo de vivir en un país cuando se es capaz
de seguir un film o un partido de fútbol en la tele). Para mí
esta dimensión del canto es importante, porque los placeres de un cantante
en el ejercicio de su arte son diversos: para un barítono agudo y lírico
como podría describirme a mí mismo hoy, es maravilloso cantar
con toda la voz, pero es también estupendo no usarla toda y cantar
Debussy, Schubert, Mozart
n Vuelve Mozart
n Siempre vuelve Mozart. Yo no puedo demostrarlo, y Mackerras cuando se lo
comenté me contestó con un seco "no", pero cuando
canto Papageno me ocurre lo siguiente. Llega el momento de la "gran prueba"
y me dicen que he fracasado; entonces pido un vaso de vino ("in vino
veritas", acuérdese del proverbio). Soy el hombre sencillo, el
de todos los días. Pero no estamos en una ópera para niños
ni para iniciados. La respuesta de Mozart viene de inmediato: el glockenspiel,
diez notas. Fíjese (el "difícil" Keenlyside se echa
a cantar con todo el cuerpo, pero sobre todo con toda su alma), son las mismas
que las de la "Marsellesa" (casi contemporáneos, además;
Mozart viene antes). Para Papageno hay otra dimensión de la libertad.
Porque, insisto, la libertad es precisamente libertad para ser lo que se quiere
ser
n (Llegados aquí, me siento un poco avergonzado de quitarle más
tiempo a este artista, pero hay una pregunta "típica" y los
cronistas son implacables...Pero vale la pena por la respuesta) Y en cuanto
a la grabación de discos
n Bienvenidos si llegan. No quiero parecer hipócrita y mostrarme despectivo
(después dicen: "claro, si no lo contratan..."). Pero son
solo un complemento. No soy la clase de artista que se dedica sobre todo a
grabar discos o que hace su carrera promoviendo los discos que acaba de grabar.
Con todo el respeto para quien lo hace, para mí se trata de algo distinto.
Prefiero el teatro, y seguiró prefiriéndolo hasta que no lo
llenen de publicidad y de micrófono (como no estoy en absoluto de acuerdo
con esto, ahí lo dejaré). Tal vezi la solución sería
el DVD o las grabaciones durante una representación. El estudio de
grabación es artificial y las voces no suenan nunca como como en el
teatro. Habría querido que Don Giovanni con Abbado se hubiera hecho
con más tiempo -claro que eso significa más dinero- porque al
menos yo, después de las funciones, estaba cansado y no me gusta cómo
ha quedado. Cuando se escucha a Pinza, Taddei o Ghiaurov, cualquiera puede
entender lo que quiero decir...
n Lo interrumpo; ha nombrado ya Ud. varias veces a cantantes del pasado o
recientes...¿Escucha discos?
n No tendré mucho tiempo para leer, pero me gusta escuchar discos (ya
le he dicho que me gustan los cantantes del pasado) y forma parte del estudio
y del placer. De hecho, tengo un ejemplo muy claro. Sin faltar el respeto
a Pavarotti, escucho con admiración un concierto de Gigli al final
de su carrera en Buenos Aires. Generoso, una hora y veinte contra los cuarenta
minutos o menos hoy normales, y con un público que se lo agradece y
está en simbiosis con él. Eso es lo que me gusta. Por cierto,
es un concierto en Buenos Aires...
n (Le digo que allí ha cantado con éxito una conocida de su
familia, Heather Harper, para la que tiene palabras de elogio) ¿Le
interesaría cantar en el Colón?
n Si el público sigue siendo así, por supuesto. Y la sala es
importante...Si existieran las condiciones adecuadas, claro que sí.
n (Quien tenga oídos y ojos, que lea y oiga. Y reflexione) ¿Algo
más?
n Sí, me ha interrumpido con los cantantes. Yo no pretendo ser famoso;
sólo deseo cantar bien las músicas y los papeles adecuados para
gente que pueda apreciarlo. Porque, finalmente, como dice un gran saxofonista
(sí, no abra así los ojos: me gusta también el jazz e
iba a escucharlo cuando terminaba mis funciones en San Francisco: después
de Don Giovanni uno no se puede acostar temprano, y un cantante tiene también
que vivir) quien desee progresar, llegar "más allá",
en la música (y recuerde que la música es sinónimo de
vida), lo hará.
¿Se acuerda el lector de aquella vieja película que supuso la
consagración internacional de Audrey Hepburn? En la Argentina la llamaron,
peregrinamente, La princesa que quería vivir. Me estuve acordando de
ella cuando volvía a mi casa con el grabador en el bolsillo mientras
veía a Keenlyside hablar por su móvil mientras cruzaba las calles
cercanas a La Monnaie en zigzag. Aquí hay alguien que no sólo
quiere, sino que está decidido a ejercer su derecho a hacerlo de la
mejor manera que sabe y cree. Parece que lo está consiguiendo, incluso
por cómo crecen sus interpretaciones y su canto. En cualquier caso,
es de esos artistas que, justamente, consigue llevar a la gente que quiere
seguirlo donde se propone ir él mismo. "Más allá".