"Los preferidos de los dioses son muy pronto llamados hacia ellos"

Escribe el Dr. Cesar A. Dillon

"Ettore Bastianini" a cura di Alessandro Rizzacasa - Artículos de Elvio Giudice, Eva Pleus, Alessandro Rizzacasa, Guido Tartoni y Fulvio Venturi - (Nuova Immagine Editrice, Siena - Italia - 205 páginas; 1999)

No se trata de una "biografía" de la vida de un cantante en el sentido usual del término. En vez de ello se ha reunido a varios estudiosos del arte lírico de la península itálica para presentar diversos aspectos de la figura que recuerda el libro.

Ettore Bastianini (Siena 1922-Sirmione 1967) nunca visitó Buenos Aires. Junto a Giulietta Simionato, Franco Corelli y Cesare Siepi forma un cuarteto de grandes voces italianas que se destacaron en el mundo de la lírica y que pasaron por los grandes escenarios del mundo sin dejar su recuerdo en nuestro máximo coliseo. Cierto es que mientras duró su actividad, hubo visitas de algunos notables colegas de su cuerda en Buenos Aires, pero también podría haberse dado lugar a su presencia, más aún cuando, en el apogeo de su carrera, subieron a escena en nuestro teatro las óperas mas representativas de su repertorio (Nabucco, Don Carlos, La forza del destino, La Gioconda, Il trovatore, Aida, Andrea Chénier, La traviata y Un ballo in maschera, por citar solo algunas de ellas).

El primer capítulo (Pleus) nos lleva brevemente a los comienzos de la carrera del artista, formado en la cuerda de "bajo" en la que militó por espacio de diez años, y luego pasa rápidamente por sus primeros éxitos en su registro vocal definitivo. Sigue a ello un recuerdo personal de la autora de sus actuaciones en la Opera de Viena (escenario en el que Bastianini apareció en 142 veladas entre 1958 y 1965) y en el Festival de Salzburgo. Fue en esta ciudad que en 1962 tomó parte en una de las veladas que habría de quedar como histórica: Il trovatore que protagonizó junto a Corelli, Leontyne Price y Simionato, con dirección de Herbert von Karajan. Apenas seis meses después de esas representaciones, Bastianini fue diagnosticado médicamente con la afección de cáncer de faringe. El hombre y el artista enfrentaron un dilema: someterse a una intervención quirúrgica que podía haberle salvado la vida, pero su costo era el de no cantar nunca más. Prefirió, guardando el más absoluto secreto, el camino de la escena.
Los ensayos siguientes que contiene la obra: "Ettore Bastianini e il suo tempo" (Tartoni), "Ettore Bastianini e la critica: breve compendio storico ragionato" (Rizzacasa) y "Del basetto e del baritono verista, con riflessione su Ettore Bastianini" (Venturi) resultan fascinantes por la forma en que los tres autores han ubicado la figura de Bastianini en el tiempo. Se analizan sus virtudes y defectos, se lo compara con antecesores y contemporáneos; se estudia la interpretación de sus personajes, se cita abundantemente las apreciaciones de la crítica, se litiga abiertamente con opiniones como la de Rodolfo Celletti, tal vez el más grande estudioso del arte vocal italiano de la última mitad del siglo XX, y todo ello con una exposición de bases y fundamentos que revela la sólida preparación de los exponentes. Y ello permite delinear una figura absolutamente auténtica, que dejó una estela propia en lo que sería en definitiva, un muy breve paso por este mundo.
Es difícil en una sola palabra ilustrar una determinada voz humana, y a riesgo de simplificar calificaremos la de Bastianini como "broncínea", por el esplendor raramente igualado de su sector central. Epígono del gran Titta que fuera, -por sus características- un caso único en la lírica y aquél que rompió con las grandes líneas baritonales clásicas del siglo XIX, Ettore Bastianini, como bien lo dicen las conclusiones, mostró asimismo una nobleza y un señorío que lo acercaban precisamente a aquellas antiguas tradiciones.

El lector no puede menos que salir enriquecido por el contenido de estas páginas, lejanas a toda superficialidad, y que, -eso es raro- se nos presentan como absolutamente imparciales en el trazo del artista. Y más aún, invitan directamente a escuchar la voz de Bastianini a través de un legado fonográfico afortunadamente abundante en el que no existen prácticamente lagunas, y que es comentado con amplio conocimiento en "Ettore Bastianini e il disco" (Giudice).
Y ya dejando de lado la parte artística, el capitulo "Ettore Bastianini e Siena" (Rizzacasa) nos trae una detallada historia de la famosa fiesta del Palio de aquella ciudad, y a Bastianini, participando en ella y festejando eufórico. Una página de color estrictamente "local", pero que nos acerca un poco más íntimamente al protagonista.
La última sección del libro está destinada a una cuidada cronología (más de cincuenta páginas) de las actuaciones de Bastianini. De especial interés resulta el detalle de aquellas que cumplió como bajo en la primera mitad de su carrera (1940-1951), prácticamente desconocida hasta hoy. El lector puede así seguirlo como Colline, Sparafucile, Don Basilio, Raimondo, Ramfis, Ferrando, Avise Badoero, Brander, Mefistofeles (Gounod), Il Talpa, Giorgio Walton, Dr. Grenvil, Padre Guardián, Timur, etc., personajes de muchas de las óperas que, en la década siguiente, volvería a interpretar en escena, pero esta vez en el rango baritonal. El listado contiene asimismo una gran cantidad de conciertos y recitales que amplían el panorama de la actividad del artista. Sus 160 actuaciones en la Scala de Milán, y las casi 90 en el Met neoyorquino no dejan duda alguna sobre sus méritos.
Al cierre del libro una escueta discografía se limita a mencionar las ediciones disponibles en CD y VHS a la época de publicación de la obra.
La iconografía es importante (más de 200 fotografías, programas, grabados, estampas, etc), destacándose en aquellas fuera de escena, la amplia sonrisa y la jovialidad que emanaba de su figura.
No hemos tenido acceso a las demás publicaciones -por lo menos tres- dedicadas a Ettore Bastianini, pero la comentada cumple fielmente con la labor de presentar ecuánimemente al lector, la figura del lamentado barítono. Italia ha dado posteriormente algunas notables figuras de su registro vocal, muy pocas (pensamos especialmente en Piero Cappuccilli y Renato Bruson, ambos conocidos por nuestro público), que lo han superado en ciertos aspectos, pero, y ello sin duda alguna, de la cuna del belcanto no se ha vuelto a escuchar una voz de la riqueza de Ettore Bastianini.
César A. Dillon,
Buenos Aires, mayo de 2006