UN NUDO COMPLICADO LA CENERENTOLA .

Libreto de Jacopo Ferretti y música de G. Rossini. Intérpretes: Joyce DiDonato, Juan Diego Flórez, Bruno de Simone, David Menéndez, Simón Orfila, Cristina Obregón e Itxaro Mentxaca. Puesta en escena: Joan Font (Els Comediants). Escenografía y vestuario: Joan Guillén. Coro masculino (preparado por José Luis Basso) y orquesta del Teatro. Director: Patrick Summers. 2 de enero de 2008, Gran Teatre del Liceu. Barcelona

Fotos Gentileza Bofil

Buena cosa despedir y empezar el año con una de las obras maestras de Rossini. Con éxito de público y crítica en general para los dos repartos. Vi el primero, el más "internacional" (con alguna excepción) y el que figurará en la edición de dvd que el Liceu suele hacer de varias de sus producciones. Valdrá la pena sobre todo por los dos protagonistas, hoy en día 'la' pareja para esta ópera. Difícil encontrar mejor escuela, técnica, figura, voz para los dos personajes. 'Angelina' es uno de esos personajes que parecen haber sido escritos para DiDonato. Desde Berganza que nadie me había convencido tanto en el papel, ya cuando lo abordó hace tiempo en París, siendo aún poco conocida.

El 'vibratello' aquí es ideal, el uso de las agilidades estupendo e incluso algún adorno en los recitativos (que preferiría personalmente que se evitasen) de buen gusto y siempre con sentido. La figura y la intérprete son tan ideales como la voz, y de nuevo, hay que remontarse a Berganza (o tal vez a la joven von Stade) para encontrar algo similar. Por supuesto que fue aplaudida y obsequiada con flores en el rondó final, pero toda su actuación, desde la canción inicial al solo de entrada en la fiesta fueron igualmente superiores. ¿Qué decir de Flórez, en uno de los papeles que le han dado justa fama?

Es la tercera producción que le veo y cada vez luce más aplomado, natural, un derroche de simpatía sin descartar la energía y la virilidad, el timbre más bonitoy homogéneo, la respiración y el legato toda una clase de canto...Y claro, están sus famosos agudos ('re' en el aria 'Sì, ritrovarla io giuro' incluido y más de una vez). En esta función hizo anunciar que cantaba engripado. Bien; se notó en que estuvo más prudente y que alguno de los sobreagudos fue más corto que de costumbre en él,  aquí mismo, pero cualquier otro líricoligero daría no sé qué por cantar como Flórez en un dia de resfriado. El también tuvo sus flores (sin z) al final y sus bravos. Lo sobresaliente de esta reposición (no se ha dado mucho en el Liceu esta ópera) acaba aquí. Después, hay diversos grados de rendimiento. En conjunto, la nueva producción del grupo Els Comediants, llena de color y vida, es muy buena.

O buena. Porque insiste en el aspecto de fábula que expresamente la comedia burguesa de Ferretti y Rossini no tiene. Y si las ratas que acompañan a 'Angelina' son simpáticas y útiles para algunos momentos y para cambiar decorados (básicamente único con modificaciones) terminan por molestar y cansar un poco. Los personajes son más bien arquetípicos, los malos y bufos simplemente grotescos, y el finale primo sentados todos a la mesa del banquete parece poco convincente para el famoso crescendo rossiniano. En cambio, fue acertadísimo el tratamiento del sexteto 'Quest'è un nodo avviluppato', probablemente el momento de conjunto más endiablado y expuesto de la obra y una maravilla. Aquí los cantantes no tuvieron que luchar con la orquesta (el acompañamiento es mínimo) y fueron muy bien guiados en esta obra maestra del absurdo y el asombro.

Bruno de Simone es un notable 'Magnifico', pese a su timbre (no es de bajo, ni me temo que de nada, pero es un señor actor y un cantante que extrae el máximo de un material ingrato). Con placer encontré por primera vez adecuado en todos los aspectos a Simón Orfila en su 'Alidoro': cantó su aria con gusto y facilidad, y por primera vez escuché un color de verdadero bajo. David Menéndez es un joven barítono de material interesante. Pero como no podía ser menos frente a tanto cantante experimentado su 'Dandini' resultó voluntarioso más que realizado. El color no es memorable y se hace decididamente feo en el agudo, seguramente por problemas de emisión que podrá solucionar. Las agilidades fueron resueltas discretamente (pero en el gran dúo 'Un segreto d'importanza' lo obligaron a 'hablar rápido' más que a cantar) y el actor es desenvuelto y dice bien. Probablemente le habría ido mejor en el segundo reparto o si hubiera hecho antes la gira que ahora empezará con esta producción.

Las dos hermanastras terribles estuvieron muy bien representadas por Itxaro Mentxaka (Tisbe) y, sobre todo, la soprano Cristina Obregón (Clorinda), que tiene a su cargo una serie de agudos poco agradecidos y ningún momento solista para lucirse, y aunque en el extremo superior la voz sonó más de una vez metálica la cantante fue segura y solvente y la que más se oyó en los momentos de conjunto. No sólo por ser soprano. El coro -sólo de hombres- estuvo bien, pero no magistral como otras veces, y cantó en algún momento un poco fuerte. Nada en comparación con lo que ocurrió en el foso. La orquesta estuvo bien, pero el director no. Summers tiene su plaza fuerte en Houston (con cuya Opera casualmente se coproduce este montaje -ya ven que en el último Colón no se había descubierto la pólvora) y en grabaciones de acompañamientos (recibidos casi siempre con fuertes reservas) a recitales de Fleming. Aquí demostró ser simpático y bailar mucho, pero su Rossini simplemente no existió. Corrió por aquí, retuvo por allá, confundió crescendo con accelerando y sobre todo con volumen grueso: eso, que habría estado mal en cualquier autor, pero tal vez podría soportarse en Il Trovatore , sobre todo si tuviera las voces que tiene que tener, es un crimen en Rossini porque lo destruye y obliga a los cantantes, que no tienen -ni tienen por qué tener- ese volumen a elegir entre forzar y no ser oidos, y ambas cosas están mal. Supongo que en el dvd, que seguramente estará listo para la temporada próxima, las cosas se corregirán....

Pero La Cenerentola será siempre 'un nudo complicado' aunque ahora, por suerte, y gracias a los esfuerzos pioneros, sea mucho más frecuente que cuando en 1967, en 'aquél' Colón (la temporada última que pudo preparar el arquitecto Montero), muchos la descubrimos y otros la redescubrieron gracias al arte incomporable de Berganza (en su debut), Sesto Bruscantini (un Dandini aún insuperado e insuperable) y Bruno Bartoletti (uno de esos maestros italianos 'a la antigua'), bien rodeados por Casellato y Ganzarolli. Hace cuarenta años y en mi recuerdo está fresca e imborrable como ayer... Y no se diga que estoy añorando el pasado. Si hubo que añorar, esta vez fue a Bartoletti y Bruscantini; y ciertamente no hay comparación posible entre Flórez y Casellato. Más bien hay que añorar una política de repertorio y contratación...