UN MAGNIFICO TRABAJO DE EQUIPO

La Favorita en el Teatro Roma de Avellaneda

Donato Fabián Decina  

 

La Favorita , Opera de Gaetano Donizetti. Protagonistas: María Luján Mirabelli (Leonora), Carlos Duarte (Fernando), Enrique Gibert Mellá (Rey Alfonso), Oreste Chlopecki (Baldasarre), Ana Laura Siniscalco (Inés) . Orquesta Sinfónica Municipal de Avellaneda, Dirección: Sebastiano De Filippi, Coro del Instituto Municipal de Música de Avellaneda, Dirección: Ricardo Barrera, Vestuario diseñado por Mariela Daga- Azelio Polo, Iluminación: Ernesto Bechara, Regie y Escenografía: Eduardo Casullo. Teatro Roma (Avellaneda – Argentina).

Lo primero que se me ocurre al escribir este comentario es celebrar la audacia por parte de los integrantes de ésta producción al animarse a realizar un título que guarda recuerdos de alto voltaje en los operómanos de Buenos Aires y sus alrededores . Hacerlo a las sombras de Alfredo Kraus, Ramón Vargas y Dimitri Hrovtrovsky, por solo mencionar algunos interpretes de las dos últimas versiones que el Colón realizó en los últimos tiempos habla a las claras que en algún punto los asistentes podrían entrar en las odiosas comparaciones y, sín embargo, entiendo que aquí el resultado no podía ser más auspicioso ,si tenemos en cuenta que se ha realizado todo con un empeño, voluntad y capacidad que superó cualquier dificultad posible.

 

Y esto se hace solamente con trabajo de equipo, lo que aquí saltó claramente a la vista. Sobre una puesta austera y ascética de Eduardo Casullo, en la que una vez más evidenció su concepto de derribar la llamada “cuarta columna” de escenario y permitió construir un proscenio por delante del foso orquestal en el que los protagonistas se ubicaban en sus respectivos momentos personales ,y en el caso de la pareja central los dúos y concertantes incluidos, el público disfrutó de momentos de intimidad y participación junto a los protagonistas. Acertado fué también el desplazamiento de masas por el centro de la sala, fundamentalmente las procesiones de convento y la escena de detención de Inés , como así también las entradas y salidas por puertas dentro del escenario que clarificaron ubicación en tiempo y espacio. Ayudó mucho a esto la buena iluminación de Ernesto Bechara y la lúcida selección del vestuario que realizó Mariela Daga, sobre diseños que ella realizara junto al inolvidable Azelio Polo, lamentablemente desaparecido.

En este marco, Sebastiano De Filippi logró concertar a un formidable equipo de cantantes que llevan varios títulos juntos en el haber (inclusive el mismo De Filippi como bajo lo hizo con ellos), empezando por María Luján Mirabelli, interprete de garra, con un rol que le cae como anillo al dedo. Su Oh mío Fernando, arranca una justiciera ovación , lo mismo que Carlos Duarte, que dueño de una voz caudalosa que sobrepasa ampliamente la sala del Roma conmueve en sus dos arias, especialmente en “Spirito Gentil”. Enrique Gebert Mella, logra un Rey Alfonso de Antología con momentos de una espectacular línea de Canto y Oreste Chlopecki traza un Baldasarre notable dentro de una de las mejores actuaciones que éste cronista le haya visto. Ana Laura Siniscalco, es una correcta Inés. Párrafo aparte para el glorioso concertante del final del tercer acto que De Filippi logró plasmar de manera electrizante.

Son dos revelaciones Pablo Gaeta y Fabián Frías en los restantes roles coprimarios y bueno el desempeño del Coro del Instituto Municipal de Música de Avellaneda a pesar de algunas voces muy blancas aún. Más allá de algunas vicisitudes y de ajustes que sobre todo las autoridades de Cultura de Avellaneda deberían tener en cuenta a futuro, fué una muy buena realización, los espectadores no solo no necesitaron recordar el pasado, sinó que agradecieron el presente, mejor imposible.