Don Giovanni , de W.A.Mozart. Intérpretes: Erwin Schrott, Sonia Ganassi, Mariella Devia, Elisabeth Norberg-Schulz, Steve Davislim, Giampiero Ruggeri,Marco Spotti, Andrea Concetti. Puesta en escena: Mario Martone. Escenografía y vestuario: Sergio Tramonti. Orquesta y coro del Teatro. Dirección: Yoram David. Nápoles, Teatro San Carlo, 23 de abril de 2006

No
"la carrera"; eso queda para los que se convierten en donjuanes por
voluntad, o por casualidad, Que se hacen, no que nacen. Y lo que nos cuentan Da
Ponte y Mozart es la esencia del 'libertino innato', con la carga de subversión
de todos los órdenes que eso comporta. El "Viva la libertà"
del final del primer acto es, por supuesto, pulverizar cualquier norma, pero también
que lo que estaba reservado a algunos 'está abierto a todos'. Y algunos
de esos 'algunos' son muchas veces los primeros en entenderlo y en ponerse a la
vanguardia. Con todos los riesgos que eso comporta. Y la puesta de Martone lo
marca; el protagonista sabe cuál es su función, pero no pocas veces
queda perplejo ante la enormidad que le toca cumplir: hay cierta melancolía
y desencanto, y hasta algún tipo de 'remordimiento' -no es la palabra exacta-
que son prueba terminante de lucidez. Y de ahí el rechazo a salvarse. Martone
ha hecho una especie de teatro o ruedo rodeado de graderías que se van
vaciando en la medida en que los espectadores se incorporan a la 'representación'
.en
el primer acto, porque en el segundo, en la penumbra, vamos advirtiendo que los
pocos que quedan son cadáveres. Y de la muerte que lo rodea y a la que
va 'castigado', el protagonista insiste siempre en comer, beber, hacer el amor
como afirmaciones de vida. El regisseur ha optado, además, por hacer que
los movimientos surjan del texto y de la música, con lo que Zerlina resulta
claramente de armas tomar, y eso lo descubre gracias al seductor, porque Masetto
es decididamente un tonto; don Octavio es un noble que se escuda en sus derechos
y doña Ana en sus ofensas para no dar ambos un paso más que el necesario
y guardar las formas. Los únicos que de alguna manera 'entienden' o 'quieren'
al protagonista son Elvira y Leporello. Y cuánta tristeza en el concertante
final, todos separados, encerrados en sus vidas 'definidas', que Martone les hace
cantar desde la gris tiniebla en la que ahora se instalarán con mayor o
menor comodidad. Por suerte, para plasmar a amo y criado, contó con el
simpatiquísimo, estilista perfecto y buen cantante que es Andrea Concetti
para Leporello y , sobre todo, con Schrott para el protagonista. No sé
si está monopolizando a don Juan o don Juan a él, pero es el hecho
de que lo ha cantado mucho y en teatros importantes en un año y todavía
tiene algunos por delante. Como es un joven que trabaja y es serio, se ha ajustado
cada vez a la concepción artística que se le pide (no todas me han
parecido igualmente acertadas, pero eso es otro cantar), ha logrado descubrir
y descubrirse diversas facetas y matices del personaje y se nota en su actuación,
pero también en su canto: la voz suena, en este inmenso templo de la lírica
que es el San Carlo (una joya más que un teatro) con total facilidad y
con mayor potencia que en anteriores ocasiones, y sólo la vehemencia de
la interpretación hace que algunos recitativos todavía necesiten
un mayor control vocal y el cantante se afiance más en las medias voces.
En una labor tan empinada es difícil encontrar pasajes 'mejores', pero
si tuviera que elegir uno, sería esta vez 'Metá di voi qua vadano',
que no sólo es difícil de cantar y representar, sino que, en mi
experiencia, es la primera vez que veo a un don Juan que realmente se mueve y
habla -canta- como Leporello.
Mariella Devia es una cantante reverenciada en
Italia por su técnica, su estilo y la duración de su carrera. Personalmente,
la sigo encontrando limitada en la expresión, con un timbre oscurecido
(y nunca ha sido bello), pero las dos arias de doña Ana fueron muy bien
cantadas (mejor la segunda) y recibieron ovaciones de delirio. Sonia Ganassi fue
Elvira: no es la primera mezzo a la que se confía el papel, y sigue pareciéndome
un error más grave aún que el de hacer lo mismo con Zerlina. Ganassi
es en origen un contraltino que está pasando a mezzosoprano capaz de medirse
no sólo con Rossini o cierto Donizetti, sino con los grandes roles de 'falcon'
y, por ejemplo, sus últimas 'Adalgisas' han sido notables. Pero los ataques
de Elvira desde el aria de entrada hasta la temible 'Mi tradì', si exigen
graves (no ' a la Verdi', ni siquiera 'a la Rossini serio') también piden
un tipo de extensión y de emisión en el agudo que aquí resultan
insuficientes en timbre, en duración y se ven obligados a la transposición.
Norberg-Schulz es una Zerlina encantadora y tendría los medios para hacerla
memorable: no sé si se trató de la función que vi, pero empezó
absolutamente opaca y destimbrada y por fortuna se recuperó, pero parcialmente,
a partir de su primer aria (la interpretación de ambas fue lo mejor escénicamente
junto con la labor de Schrott y Concetti). Su Masetto pasó sin pena ni
gloria: nasal y atenorado, no parece que haya demasiado en el futuro para Giampiero
Ruggeri en tanto que barítono brillante. Marco Spotti comenzó muy
bien, pero en la última escena su Comendador se oyó poco. Y queda
don Octavio. Martone, hombre de teatro, sufre con la acumulación de arias
que es la secuencia 'Or sai chi l'onore' seguida de la agregada 'Dalla sua pace'.
Sobre la base de sugerencias del propio Mozart, decidió pasarla al final
del primer cuadro. Ni por música, ni por situación escénica
queda mejor o bien: sigue siendo un pegote, maravilloso, con el agravante de que
aquí Octavio tiene que cantar después de un momento vocal y dramático
muy diferente. No es excusa para la insuficiencia demostrada por Davislim, incapaz
de cantar piano, rígido y forzado en el agudo, con un fiato no siempre
capaz de hacer justicia a Mozart; las agilidades fueron mejor y el timbre es -sin
ser nada especial-claramente de tenor lírico; y tampoco fue nada especial
su concepción del personaje. En ese aspecto, es el que más respondió
a la batuta gris -desde el mismo ataque de la obertura- de Yoram David, pese al
buen hacer de la orquesta desde el punto de vista de la ejecución. Don
Giovanni será un héroe negativo, pero si se mira a los demás
hombres de la ópera -y alguna de las mujeres- se convierte, de lejos, en
el mejor.