Se colocan en este espacio fotos y distintas críticas del Don Giovanni realizado en Salta el 8 y 10 de julio

 

Cena en casa de Don Giovanni, Fernando Grassi y Luciano Garay

Zerlina y la Sinfónica de salta Laura Penchi

Don Giovanni y Zerlina, Fernando Grassi y Laura Penchi

Zerlina y Masetto, Laura Penchi y Cristian de Marco

Zerlina,. Laura Penchi

Zerlina y Masetto

 

 



Cultura |12 de julio | Por Romina Chávez Díaz

La lección no ha sido aprendida...

Mozart, ese genio inspirador



Amadeus Mozart
"Los que mal andan mal acaban...". He aquí, la reflexión que nos debe inspirar Don Juan de Amadeus Mozart. Su lección no ha sido aprendida. El problema es que los que tienen el poder de castigar son los mismos que mal andan. Linda historia para algunos y tristes para otros, puesto que hay que "educar al soberano". Cómo hablarle al pueblo de faisán si come arroz con salchichas y cuando se puede, unas milanesas con fritas. Cómo hacerles sentir música si la cumbia villera azota los oídos y degrada la familia y la mujer, a la vez que pone de manifiesto la división de clases. En el mejor de los casos, es la astuta rebeldía de los excluidos que después de ganar dinero usan la bandera de la desigualdad. En el peor, es el fruto de la carencia y la falta de literatura.



Pienso en esos niños que no saben cantar nuestro Himno. Los que pudimos llevar a nuestros hijos estamos salvados de la ignorancia y nos sentimos más envueltos por el hálito de lo "culto".
El público ha sido hechizado por la célebre ópera Don Juan, estrenada el sábado 7 de julio en el estadio Delmi. Un espectáculo como pocos en Salta. Un escenario cubierto de artistas de alta talla y renombrado prestigio rindieron el homenaje al 250º aniversario del nacimiento del talentoso músico austríaco, W. A. Mozart, quien murió en soledad y en la pobreza absoluta; un héroe del siglo XVIII , un genio. Hoy cosecha los aplausos de millares de personas que admiran y aprecian su talento, su arte, su inspiración y su magia, sus valores y virtudes hoy casi inexistentes en una misma persona. La ópera Don Juan (Don Giovanni), drama jocoso en dos actos, fue musicalizada por la Orquesta Sinfónica de Salta dirigida por Felipe Izacaray, el Coro de la Asociación Amigos de la Música (CORAAMUS) que dirige la profesora Adela Altobelli y ocho reconocidos solistas de Buenos Aires: Fernando Grassi (Don Giovanni-Barítono), Luciano Garay (reemplaza a Hernán Iturralde -Barítono), Mariela Schemper (Doña Ana-Soprano), Andrea Maragno (Doña Elvira-Soprano), Carlos Ullan (Don Octavio-Tenor), Laura Penchi (Zerlina-Soprano), Cristian de Marco (Masseto-Barítono), Ernesto Ramos Carrer (Comendador y fantasma-Bajo). El Director Musical fue el archireconocido Maestro Felipe Izcaray y el Director de Escena el Regisseur y compositor Eduardo F. Casullo. Músicos e intérpretes, solistas y actores, hicieron una combinación explosiva que dejó muy bien parada la cultura de alto vuelo. Atrás quedaba el hecho de estar en un estadio poco empelado para eventos de este tipo, atrás quedaba el teatro independiente que junta monedas para hacer sus espectáculos y atrás quedaba, el efecto del mundial tras lo cual gran parte de la "argentinidad" se sintió marcada por esos días de inconformismo y falso nacionalismo. Ser parte de este espectáculo nos hizo sentir tocados por la emotividad, quien más, quién menos, disfrutó de la genialidad de esta confluencia artística que a los ojos de cualquier espectador inocente, piensa en la magnífica posición cultural de una Salta que a las márgenes, se ve empobrecida.

 

Luces robotizadas en un escenario imponente, pero por las noches no se pueden transitar por los barrios de la zona oeste (por ejemplo) aún sin asfalto y sin adecuada iluminación; escuelas que dan pena de solo entrar por falta de una adecuada luz y una adecuada ventilación. Pienso en esos niños que no saben cantar nuestro Himno, si hubiesen escuchado cómo cantaban estos coristas, si los adolescentes supieran al menos quién fue Mozart, pero no importa, los que pudimos llevar a nuestros hijos estamos salvados de la ignorancia y nos sentimos más envueltos por el hálito de lo "culto". Artísticamente espléndido trabajo, un Don Juan que conquista mujeres y si es necesario traiciona, engaña y mata para conseguir sus fines. Traiciona a Doña Elvira, quien nos enjuga sus penas con un armonioso canto al más alto nivel, al igual que la apesadumbrada Doña Ana, víctima de aquel que mató a su padre. Y la frescura de Zerlina nos encanta; no menos elocuentes y vivaces fueron los heroicos amantes de estas preciosas mujeres: Don Octavio y Masseto, que a fuerza de vengar a sus amores van en busca de este pillo a quien el Comendador le da su merecido. "Así les va a los que mal obran" es el mensaje final, tan simple y sencillo como los refranes de nuestras abuelas: quien mal anda mal acaba. Un vestuario de lujo, máscaras bellísimas y una pantalla que ambientaba las escenas, dejó perplejos a los espectadores. Detrás del hechizo, detrás de la pantalla gigante y de las luces robotizadas, está nuestra realidad. Los que mal andan no acaban de este modo, como el clásico Don Juan, siguen haciendo sus fechorías. He aquí la reflexión que nos debe inspirar Mozart, la lección no ha sido aprendida. El problema es que los que tienen el poder de castigar son los mismos que mal andan. Linda historia para algunos y tristes para otros, puesto que hay que "educar al soberano". Cómo hablarle al pueblo de faisán si come arroz con salchichas y cuando se puede, unas milanesas con fritas. Cómo hacerles sentir música si la cumbia villera azota los oídos y degrada la familia y la mujer, a la vez que pone de manifiesto la división de clases. En el mejor de los casos, es la astuta rebeldía de los excluidos que después de ganar dinero usan la bandera de la desigualdad. En el peor, es el fruto de la carencia y la falta de literatura. El arte nunca fue síntoma de evasión, sino de denuncia, por eso Mozart es universal, por eso sus ecos no pasan de moda, más aún hoy. Aplaudamos el brillo de esta magistral puesta en escena de Don Juan de Mozart, nos regocijemos en el arte mas aprendamos, enseñemos y transmitamos algo de lo que fuimos capaces de aplaudir, ¿o acaso sólo vemos lindos colores y escuchamos hermosos acordes?