Jorge Binaghi
Don Giovanni , de W.A.Mozart. Intérpretes: Erwin Schrott, Barbara Frittoli, Mariella Devia, Veronica Cangemi, Giuseppe Filianotti, Alex Esposito, Marco Spotti, Natale De Carolis. Puesta en escena: Jonathan Miller. Escenografía y vestuario: Bob Israel. Orquesta y coro (director: Piero Monti) del Maggio Musicale Fiorentino. Dirección: Zubin Mehta. Florencia, Teatro della Pergola, 8 de mayo de 2005
El Maggio
-como toda la cultura y en particular los teatros líricos- atraviesa una
situación si no difícil, delicada (y por suerte está en una
región donde el desdén o el desinterés por este patrimonio
italiano no corresponde al del gobierno nacional, cuyo último ministro
de cultura -con minúscula- es lo menos indicado que se le pueda ocurrir
a uno para ese cargo: esto no para inmiscuirme en la vida política italiana
-lo que haría con mucho gusto- sino para que los argentinos se consuelen
un poco pensando que no están solos en esa situación, que aparte
de méritos propios incontestables les deberá a las tradiciones peores
de sus ancestros españoles e italianos). Hubo que suprimir del 'cartellone'
La vuelta de tuerca, de modo que este año -aparte de algún gran
concierto, en particular el de Abbado- hay dos títulos, éste y Tosca.
Por razones de fechas no pude asistir a esta última (pero debo decir que
salvo por el debut en el rol de Violeta Urmana no tenía mucho interés,
como en general no lo tengo hoy por la obra de Puccini. La puesta -nueva- fue
además contestada seriamente en la primera representación), presentada
en el recinto del Teatro Comunale. Pero sí tenía interés,
sobre todo porque se daba en el más pequeño de la Pergola (800 localidades,
llenas, donde por ejemplo se oyó por primera vez la versión original
del Macbeth verdiano y hoy en general reservado a la prosa o a la ópera
barroca), en este Don, que tiene una buena tradición en el festival y en
particular en la sala. Se utilizó la puesta de hace quince años
de Miller. Lo consigno porque me parece importante recordar que en un festival
de prestigio no hay prejuicio en utilizar una 'régie' tan 'vieja' cuando
es necesario, sea porque se la aprecie, sea porque cuesta menos y se puede gastar
el dinero en otras cosas, como por ejemplo las voces (y de paso, después
de quince años no se ven reliquias, o sea que no sólo se conservan,
sino que se conservan bien. Otro elemento de reflexión para el Colón
y otros teatros que gastan lo que no tienen en lo que no es absolutamente esencial).
En sí misma, la puesta no es nada extraordinario, pero está bien.
Hay cambios de decorados rápidos, la escena está despojada, los
trajes son (oh) de época y lucen bien. Tal vez haya un exceso de gris y
todo resulte algo monocromo; las luces funcionan correctamente pero con algún
desajuste -vi la primera función- aunque no son todo lo fundamental que
podrían resultar en este título. Los artistas se mueven bien, algunos
por experiencia y/o capacidad (Devia, Frittoli, Cangemi); otros por disposición
natural (Esposito) o aplicación (De Carolis, Spotti). El caso más
claro y complejo al mismo tiempo es el protagonista: Schrott cantaba por primera
vez el personaje, y ya es un buen intérprete que seguramente crecerá
con el paso de las representaciones y sus futuros compromisos.Como cantante es
magnífico, y sólo tendrá que dar una segunda mirada a algunos
recitativos y a algunas frase cantadas que ahora parece inclinado a 'hablar fuerte'.
El color es parejo y bellísimo, la dicción muy buena, la intención
más que suficiente, tiene buena afinación y físico adecuado.
De Don Giovannis no nos podemos quejar en estos tiempos, pero el suyo es bienvenido.
Más en la tradición de bajo (es, en realidad, un bajobarítono)
que en la de barítono, pudo con los tiempor rápidos del aria del
champagne, con la media voz de la serenata o la difícil escena final, para
citar algunos ejemplos (excelente también su 'Metà di voi qua vadano'y
su intervención en los conjuntos). Pero si tuviera que quedarme con un
momento como el mejor, no vacilaría en indicar -por la sensualidad y la
propiedad con que cantó- su 'Là ci darem la mano'. En la ficha esta
vez he decidido poner los nombres en orden decreciente de lo que para mí
fueron sus prestaciones. Es cierta que con las dos 'doñas' no se pueden
escribir dos nombres al mismo tiempo, que hubiera sido el caso. Pero a Frittoli
la he visto ya en los dos papeles, aunque esta vez era Elvira, y su Mozart me
parece más connatural a su voz y su actuación (aunque toda su entrada
'Ah chi mi dice mai' -terriblemente difícil- fue aquejada por un vibrato
que siempre ha tenido pero que esta vez me alarmó hasta que de inmediato
logró controlar en sus escenas con los demás hasta llegar a un 'Mi
tradì' justamente ovacionado). Devia sólo en los últimos
tiempos se ha dedicado a Mozart, y prácticamente sólo a Anna. Es
una técnica impagable, aunque el timbre nunca ha sido magnífico
y ahora empieza a mostrar el paso del tiempo; y si su dominio del agudo y las
agilidades ('Non mi dir') sigue impactando, la voz a veces no tiene todo el control
y el oscurecimiento del tiempo no alcanza para un momento como 'Or sai che l'onore'
(que, con gran inteligencia, no intenta forzar y canta con sus medios naturales).
Lo que me sorprendió gratamente es su compenetración dramática,
que es siempre en ella lo menos interesante. Y precisamente en un papel como éste,
que es de los menos ricos de la obra, de los que no evolucionan quiero decir.
Cangemi es una Zerlina natural, tiene estilo, técnica, dice y se mueve
bien. Pero de su 'Ilia' sensacional en Amberes a esta función encuentro
que su voz se ha oscurecido y sobre todo opacado, en particular en la zona aguda;
así, todo, y en especial las dos grandes arias, estuvieron bien o muy bien,
pero no hubo un momento grandísimo. Puse después a Filianotti por
el papel de Octavio, que interpretó con virilidad y cantó de la
misma manera. Pero en este segundo aspecto creo que se equivocó: la virilidad
de Mozart no es la de Verdi, ni siquiera la de Donizetti. Y aquí escuché
más al duque de Mantua o a Edgardo. Con la particularidad de que la voz
sonaba muy oscura, y con dificultad en los pianísimos ("Dalla sua
pace' y en particular en frases como "la mia dipende"), incluso en recitativos
'fáciles' o que parecen tales, mientras que si 'Il mio tesoro' no resultó
del todo inapropiado, hubo tensiones y durezas en las agilidades. En cambio, he
puesto a Esposito luego sólo porque Masetto no tiene el relieve de los
otros, pero por canto y acción, tenemos probablemente aquí a un
joven que podrá ser, no sé si Leporello (podría seguramente)
o tal vez, mejor, un futuro Don Giovanni: se nota que es un actor nato, que disfruta
con el juego escénico y con el canto, la voz es bella y canta con comodidad
y absoluto desparpajo y tiene un aspecto que lo hace digno contricante del seductor.
En el sector masculino, lo mejor después de Schrott. Spotti sigue siendo
un elemento interesante y un Commendatore de relieve pese a que el timbre sonaba
algo sucio desde la primera escena a las dos últimas respecto a lo que
recordaba de sus no muy lejanos Masnadieri, pero suena y tiene propiedad de acento.
Queda el caso del Leporello de De Carolis. Que por suerte estuvo mejor que en
su inaceptable Basilio del Barbiere del Colón hace años. Había
empezado siendo un excelente Masetto con Muti, pero la evolución posterior
no parece haber desarrollado todas las promesas. No sólo no lo ayuda aquí
su físico (es altísimo y esbelto), sino que, siendo competente y
profesional, no llegó nunca más que a eso, y él también
decidió cantar todo fuerte -recitativos incluidos- en vista de que le faltaba
espesor, sobre todo en los graves. El coro no tiene una parte de mayor compromiso,
pero en sus breves intervenciones estuvo acertado. La orquesta cumplió
una buena labor. Mehta es adorado y recibió aclamaciones. Creo que hizo
un buen trabajo, pero no uno de los que entran en la historia de la interpretación
de la excepcional partitura mozartiana; algunos tiempos resultaron algo extraños
y apresurados. Pero después de la experiencia reciente de Jacobs en La
flauta mágica en Bruselas, para mí era como escuchar a Klemperer
y Karajan juntos (que eran, claro está, antagónicos, y ahí
tal vez radique el punto), así que no me voy a poner a fruncir la nariz,
a ver si la próxima vez me toca Harnoncourt