'MILLE TORBIDI PENSIERI'
Jorge Binaghi
Don Giovanni , de W.A.Mozart. Intérpretes: Erwin Schrott, Ilya Bannik, Svetla Vassileva, Ildiko Komlosi, Francesco Meli, Nicola Ulivieri, Elena Belfiore y Vito Priante. Puesta en escena: Davide Livermore. Escenografía: Santi Centineo. Vestuario: Botto & Bruno. Orquesta y coro (director: Ciro Visco) del Teatro. Dirección: Julia Jones. Génova. Teatro Carlo Felice, 3 de noviembre de 2005.
Con el Colón cerrado no se me ocurrirá
ahora, como otras veces, sacar a relucir mis recuerdos (nunca uno totalmente feliz,
por cierto, aunque uno se destaca sobre otros) 'donjuanescos', pero que los tengo,
los tengo. Aunque Génova cumple en homenajear a Mozart con la trilogía
de Da Ponte (prácticamente se dan las tres juntas,cada una con dos elencos),
sólo tuve la posibilidad de asistir a esta por razones de fechas, entre
otras.
Lamento no poder decir que me haya entusiasmado, como a parte de público
y crítico, la nueva puesta. Si elegí este título es porque
en ese quinteto se materializaron todos los 'peros' de esta producción:
gestos 'en cámara lenta' o de imitación de la estatuaria grecolatina
(sin mucha convicción ni sincronía, para colmo, pero puedo entender
a los cantantes), una luz permanentemente apagada y mortecina (sólo las
escenas del Comendador tuvieron una excelente realización lumínica,
al menos), un vestuario horrible y unos cantantes que hacían lo que podían
-a veces mucho- para salir del paso. Unas cuantas escenas así a lo mejor
son posibles y correctas. Cuando todo es del mismo modo, y salvo el vestido blanco
de novia embarazada (horrible también) de Elvira -que lleva a una serie
de otras Elviras con ella, que hasta simulan cantar al principio- pone una nota
de color, cuando el protagonista está siempre de negro y gris y más
parece ir o venir de una discoteca 'heavy', aunque en realidad está cansado
de todo (y será por eso que pasa mucho tiempo sentado), cuando los campesinos
carecen de toda expresión y carácter y están embobados por
lo que oyen a través de sus auriculares, y sobre todo cuando Leporello
es una rata de alcantarilla con una luz brillante en la frente, y al magnífico
palacio del fondo responde en la parte delantera una pared con alambre de púa
y grafitos no pompeyanos precisamente, uno se harta o se pone nervioso y se pregunta
si las múltiples interpretaciones de la figura de Don Juan se reducen a
este estado más o menos superposmoderno (naturalmente hay restos de civilización
industrial y una orquesta zaparrostrosa que ni se sabe cómo conoce las
partituras de la última escena y por lo tanto todo lo referido al aspecto
musical -que es un ejemplo magnífico de metateatro en Mozart- queda desperdiciado).

Aunque a muchos, incluso entre los intérpretes, les ha satisfecho, a mí
no. Para nada. Y musicalmente las cosas fueron mejor pero hasta un punto. Julia
Jones no dirige mal,pero tampoco bien: sus tiempos languidecen, nada es demasiado
brillante ni demasiado trágico (eso sí, cuando se sonoriza la entrada
del Comendador -cantado de forma menos que modesta- el barullo es infernal de
veras. Entonces justo Don Giovanni tiene que irse a morir a la parte de atrás
del escenario: Livermore dice preferir trabajar con cantantes líricos por
su capacidad de articular un texto; debería recordar también ponerlos
en circunstancia de que lo hicieran con comodidas, visto que él también
ha sido cantante y sabe que cantar y actuar no están reñidos pero
no son lo mismo. Masetto fue un muy apagado Briante, y de las tres señoras
destacó por su fuerza y valentía Komlosi, sin que se pueda decir
que vocalmente haya estado estupenda. No hay mezzo (por más que cante Amenris)
que esté cómoda en esta tesitura. Y si la hay, este no es el caso,
por lo que harían bien en volver a las sopranos (en Italia mismo hay algunas):
si el mejor momento dramático fue 'Mi tradì' porque no había
nada más que Elvira con su dolor en la escena (a Octavio le tuvieron que
poner unos angelitos -creo que de la muerte o de la venganza-durante 'Il mio tesoro'),
como canto no ocurrió lo mismo. Pero fue preferible a la pésima
Ana de Vassileva que si estuvo atroz en la primera escena para mejorar hasta lo
discreto, se derrumbó en una versión consternante de 'Non mi dir'
(recitativo incluido). En cuanto a Belfiore, los argentinos la han podido juzgar
este año en el Colón. La voz es pequeña, descolorida, pero
es una cantante musical y esforzada intérprete (parece que es lo que se
lleva mucho en varios países; a mí me parece que no basta más
que para empezar, y no en primeros teatros). No sé si alguien me puede
aclarar su registro; lo que yo oí se parecía más bien a una
soubrette (aunque a su lado Jeannette Scovotti era Melba o Sutherland), pero en
su repertorio aparecen nombres que yo suelo asociar con mezzosopranos (como últimamente
también se hace lo que se quiere con los registros de los personajes
.vaya
uno a saber). Meli es realmente un cantante muy joven y habrá que seguirlo
muy de cerca. Por ahora, no me pareció tan perfecto: hay puntos nasales
desagradables, una respiración que no le deja cantar fluidamente las agilidades
de 'Il mio tesoro', no es un artista (aunque Octavio no sea el mejor rol para
juzgarlo) y trata de insuflar vida al más anémico de los tenores
mozartianos con el típico error de enfatizar los recitativos y tratar de
sacar voz y agudos altisonantes donde no se los requiere (así estropeó
la primera mitad de 'Dalla mia pace'; la segunda fue ejemplar, o lo hubiera sido).
Ulivieri es un joven pero ya veterano (el trabajo con Abbado ha dado claramente
sus frutos); tiene un timbre penetrante aunque tal vez no de primerísima
calidad, bastante personal, dice bien y se mueve mejor, aunque algún agudo
ocasionalmente haya sido tensado al límite, y su Leporello fue en todo
punto muy bueno. Había visto a Schrott en Florencia en mayo (pueden ir
a confirmarlo), y hace un mes lo vi ahí mismo en I Lombardi (lo mismo,
además de la entrevista que se acaba de publicar hecha en ese momento).
Tenía extremo interés en ver en qué había afectado
(o no) Verdi a Mozart (que yo creo compatibles, aclaro). De un teatro más
bien pequeño y de prosa como la Pergola florentina al gran escenario y
sala del operístico Carlo Felice, la voz se ha desarrollado de modo notable
en volumen, manteniendo incólume la calidad de un timbre fascinante ('signorina'
o 'Là ci darem la mano'), el dominio del fiato ('Fin ch'han dal vino')
y ha mejorado los recitativos (apenas quedan restos de la tendencia a hablarlos,
en las frases breves intercambiadas con Leporello). En la segunda parte, yo hubiera
deseado más seducción(y más media voz) en la 'Serenata' y
un agudo menos prepotente en 'Metà di voi qua vadano", pero supongo
que es porque el crítico tiene que encontrarle algo a todos
En cualquier
caso, lo que yo no le conocía tanto era la ductilidad para haber dado una
visión del personaje que no comparto, que me gusta menos que la de Florencia,
pero en la que, o cree porque está convencido o se juega el tipo por responder
a lo que el regisseur le pide: como sentido de la responsabilidad artística,
más que notable. Espero que al menos el Solís uruguayo pueda contar
pronto en algún momento con conciudadano tan ilustre.